TÓPICOS ROLEROS DE SIEMPRE: EL ROL Y LA CATARSIS

Por Víctor Merino | 1 opiniones»
Hoy he tenido una larga conversación sobre roleo con una amiga y ha salido el tema de la catarsis. Siempre se dice que los roleros son personas con grandes carencias en la vida real que se refugian en un mundo de fantasía. Bueno, la escasez de novias y de sexo en las partidas de rol podrían desmentir tales insinuaciones, aunque por otra parte, también es cierto que no abundan los héroes obesos, hipermétropes o asaltados por el acné...

En cualquier caso, este asunto de resolver en el rol lo que nos queda pendiente en la vida me recuerda a una socorrida escena que se plantea a menudo en las mesas. Todos los que nos hemos iniciado en el rol durante la época de Vampiro: la Mascarada cuando éramos tiernos adolescentes con algún problema de popularidad hemos jugado, o visto jugar, una escena con alto contenido cartártico. Estoy hablando de la típica escena a la que podríamos enjaretar el epítome:

EL MALO QUE NO TIENE NI IDEA DE DÓNDE SE ESTÁ METIENDO.

He visto jugar esta escena miles de veces; la he narrado, como director, la he vivido como jugador y la he visto en otros grupos e incluso en las propias ficciones de Vampiro (cuando aquel raterillo dispara a Theo Bell en uno de los relatos del libro básico).

Un elemento común de muchos juegos de Mdt es que los jugadores son monstruos PERO NO LO PARECEN lo que llama a divertidos malentendidos con horrorosas consecuencias... ¡Para los malos!
Así como en Preacher siempre hay una pandilla de rednecks que buscan pelea con Cassidy y Jesse para acabar retorciéndose sobre su propia sangre, es muy habitual que los jugadores se tomen una gran y desmedida venganza simbólica con algún malo de segunda durante una sesión de Vampiro.

Casi siempre es un tipo buscando pelea en un bar, o un atracador en un callejón que garantiza el anonimato necesario para hacer trizas a un tipo que, por lo demás, lo está pidiendo a gritos. Entonces es cuando el jugador se frota las manos, porque parece ser que el pnj no está "meta-jugando" y desconoce que se ha dejado todos sus puntos gratuitos en disciplinas (y no, no ha sido para comprar AUPEX).

En ese momento, toda la mesa se convierte en cómplice. En cierto modo es fácil sospechar que aquel matón sin hoja de personaje tiene la cara de algún indeseable. El subidón de adrenalina que sentimos cuando, en una película de artes marciales, alguien se mete con el protagonista y recibe un palizón terrible no deja de ser algo muy visceral. En las películas de antes lo hacían bien. En Robocop, por ejemplo, te presentan unos malos tan malos que eras capaz de aplaudir mientras un cíborg los destripaba despiadadamente. En esa película, un subalterno es recubierto de ácido y luego atropellado por un coche. Estalla en pedazos ¡Y no era ni el malo principal!. Los buenos ganan y los malos pierden. Pierden con muchísimo dolor.

En "Hostel" ricachones pagaban un dineral para quedarse encerrados con un desconocido en una habitación sin ventanas y hacer con él lo que quisieran. No es raro que en rol los jugadores recurran con pasmosa facilidad a la tortura. Algunos incluso apodan cariñosamente a esta práctica con nombres como "las cosquillas" o "el ñiqui - ñiqui".

¿Hacemos catarsis de mala leche en el rol?

Yo, desde luego, he llegado a ver declaraciones muy sádicas en mesa. En una ocasión, uno jugador mató al personaje de otro (quien lo llevaba era un tipejo bastante inaguantable) y usaron su cadáver para desconectar las trampas de una mazmorra, tirándolo túnel abajo.

¿Qué opináis vosotros? ¿Tenéis alguna anécdota que compartir?

Víctor


1 opiniones:

Beelzenef Says:

Digamos que es un modo para el desahogo. No está nada mal de vez en cuando jugar una partida en ciudad Sabbat (por ejemplo México, si nos ponemos cafres)
Mi personaje asesinó a un maltratador/violador, estrangulandolo con sus propias manos. Pero claro, desde entonces, el mismo está bastante tocado. Todos los actos tienen sus consecuencias

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